lunes, 15 de marzo de 2010

El primero de los fantasmas virtuales


Queridos amigos de la lectosfera,

Tarde o temprano, todos los que trabajamos como docentes o promotores de la lectura, llegamos a comprender que, para poder disfrutar de la literatura, es preciso abandonar todo escepticismo. No hay nada más pernicioso para un libro que enfrentarse con un lector escéptico, con alguien que prefiere refugiarse en las previsibles leyes de la realidad antes que abandonarse a las maravillas de la ficción.

El fantasma de Canterville, de Oscar Wilde, apenas requiere ser presentada: su historia del fantasma británico que se enfrenta con una escéptica familia estadounidense, pervive como una de las piezas de narrativa más profunda y entretenida de la historia de la literatura universal.
Tanto es así, que aún hoy podemos encontrar en ella un espejo de nuestra sociedad. ¿No es también de los lectores de esta época ese mundo absolutamente concreto, despojado de magia, en el que un artefacto tecnológico soluciona casi todos los problemas? ¿No somos todos nosotros un poco la familia Otis, que se cree segura porque duerme con el aceite y el quitamanchas a mano?

En un mundo hipercomunicado, en el que todo el mundo “se muere” por enviar mensajes o mostrar fotografías, enseñar a leer es enseñar a ser un poco más como Virginia Otis: capaz de hacer silencio y escuchar lo que “nuestras amistades fantasmas” quieren decirnos; es poder sentir verdadera compasión por el que está cerca y nos necesita.

Que lo disfruten.
¡Hasta la próxima!


El fantasma de Canterville de Oscar Wilde
Ilustrado por Juan Cancilleri
Traducido por Mariana Maloberti
Prólogo de Roberto Faggiani
Colección lectosfera

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